La literatura, como forma de arte, busca traer algo nuevo y auténtico a la existencia. Sin embargo, la reciente decisión de Aena de instaurar un premio literario dotado con un millón de euros ha generado controversia. La iniciativa ha sido vista como un intento de marketing y autobombo corporativo, más que un genuino apoyo a la creación literaria.

La mercantilización del arte

La santificación de cierta literatura como objeto de valor puede ser vista como un sacrilegio. La conversión de la creación en un objeto de mercado puede vaciarla de contenido y significado. El premio Aena, con su cuantía estratosférica, puede ser percibido como un intento de comprar la excelencia literaria.

El mecanismo del premio es conocido: una selección de autores solventes, un jurado impecable y la participación de grandes grupos editoriales. Sin embargo, esta estrategia puede ser vista como un intento de promover la literatura como un producto de consumo. La celebración del premio puede ser un evento más de networking y marketing que una verdadera celebración del arte.

La precariedad del sector editorial

Mientras se levantan estos altares a la literatura, el sector editorial sobrevive en una precariedad asfixiante. La presión del capitalismo voraz y el reparto desigual de recursos entre autores, distribuidores y editoriales modestas están ahogando a la industria. La supervivencia de la literatura depende de una redistribución más justa de los recursos.