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Un equipo de la Universitat de Barcelona y la UOC, junto a la Universidad de Chile, analizó a ~300 familias con menores de entre 6 y 12 años diagnosticados con trastornos del neurodesarrollo. Los resultados indican que la prevalencia de depresión y ansiedad en estos niños supera notablemente la de la población general de la misma edad.
En concreto, los menores con al menos un diagnóstico presentan un 35 % más de síntomas de ansiedad y un 28 % más de indicadores depresivos que sus compañeros sin trastornos neuropsicológicos. Este exceso de malestar se detectó mediante cuestionarios aplicados tanto a los niños como a sus progenitores.
Causas y diferencias de género
Los investigadores atribuyen este aumento a la combinación de varias neurodivergencias —como TDAH, dislexia o trastorno del desarrollo del lenguaje— que dificultan la regulación emocional y provocan rechazo social en el entorno escolar. Cada diagnóstico adicional intensifica la carga emocional, generando irritabilidad, rabietas y una mayor dificultad para identificar sus propias emociones.
Las niñas son la población más afectada: presentan niveles más altos de ansiedad, depresión y conductas transgresoras, sobre todo cuando acumulan dos o más diagnósticos. "Muchas niñas están infradiagnosticadas y, cuando acuden al estudio, suelen presentar una problemática compleja", explica la doctora . El estereotipo de la niña «correcta y callada» aumenta la presión social y agrava el sufrimiento.





