Cómo el recibo facilita el robo y qué medidas tomar para protegerse
El papel emitido por el cajero actúa como una hoja de ruta para los estafadores. Con el nombre y el número de cuenta, pueden intentar abrir cuentas ficticias o solicitar tarjetas de crédito a nombre de la víctima. El saldo y la fecha de la operación sirven para validar la actividad reciente y convencer a la banca de que la solicitud es legítima. Además, la hora y el importe permiten calibrar ataques de ingeniería social, como llamadas telefónicas donde el estafador se hace pasar por el banco y menciona detalles precisos para ganar confianza.
Frente a esta amenaza, los expertos recomiendan no imprimir nunca el recibo. Si el cliente insiste, debe destruir el documento inmediatamente, preferiblemente con una trituradora o rompiéndolo en trozos diminutos. Guardar el papel en un lugar seguro solo aumenta el riesgo de que caiga en manos equivocadas.
Además, refuerzan otras prácticas de seguridad: revisar los movimientos bancarios al menos una vez por semana, usar contraseñas robustas que combinen letras, números y símbolos, y activar la autenticación en dos factores (2FA) en todas las plataformas digitales. Nunca se deben compartir datos bancarios por teléfono, correo electrónico o mensajes SMS sin verificar la identidad del interlocutor.





