Los expertos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) y de la Comisión Europea han señalado que cinco hábitos al volante elevan el consumo de combustible sin que el conductor lo note.
Estos hábitos son comunes en desplazamientos diarios y su corrección permite ahorrar dinero y disminuir la huella de carbono. Una conducción eficiente y un mantenimiento adecuado pueden reducir el consumo entre un 10 % y un 15 %.
Conductor revisando la presión de los neumáticos en una estación de servicio
Los conductores que arrancan el motor en frío y aceleran bruscamente en los primeros minutos consumen más combustible porque el motor no alcanza su temperatura óptima.
Las aceleraciones y frenadas intensas obligan al motor a trabajar de forma ineficiente; anticipar el tráfico y mantener una velocidad constante mejora la economía de marcha.
Una presión de neumáticos 0,5 bar por debajo de la recomendada incrementa el consumo entre un 3 % y un 5 %, según la Comisión Europea, al aumentar la resistencia a la rodadura.
Cargar el vehículo con peso innecesario también eleva el consumo; cada 100 kg de peso extra aumentan el gasto en torno a un 6 % en recorridos urbanos.
El mantenimiento descuidado, como filtros sucios o alineación incorrecta, reduce la eficiencia del motor y eleva las emisiones, aunque el coche parezca funcionar bien.
Errores al volante que aumentan el consumo de combustible
1️⃣ Arranque en frío: iniciar la marcha sin calentar el motor provoca una combustión incompleta y un consumo mayor. La solución es conducir suavemente los primeros kilómetros.
2️⃣ Aceleraciones y frenadas bruscas: cada impulso repentino requiere más energía. Mantener una velocidad constante y anticipar la señalización reduce el uso de combustible.
Cómo y por qué estos errores elevan el consumo
Presión insuficiente de neumáticos: una presión baja aumenta la fricción con el asfalto, obligando al motor a superar una resistencia mayor. Revisar la presión al menos una vez al mes evita el incremento del consumo.
Carga extra: objetos almacenados en el maletero o asientos traseros añaden masa que el motor debe mover. El peso adicional eleva el consumo, sobre todo en ciudad, donde se requiere más energía para arrancar y detenerse.
Mantenimiento descuidado: filtros de aire obstruidos, aceite degradado o alineación incorrecta dificultan la transmisión de potencia, obligando al motor a trabajar más y quemar más combustible.
Impacto ambiental y económico de la ineficiencia
Los hábitos mencionados incrementan las emisiones de CO₂ en proporción al combustible extra consumido, empeorando la calidad del aire urbano. Reducir el consumo en un 10 % a 15 % equivale a ahorrar entre 50 € y 80 € al mes para un conductor medio.
Si los conductores adoptan las correcciones propuestas, el ahorro colectivo podría traducirse en millones de euros y toneladas de CO₂ evitadas cada año, mejorando la salud pública y la sostenibilidad del transporte.