Cientos de viajeros pasan diariamente por la estación de tren de Aranjuez, ubicada en la Comunidad de Madrid, sin conocer la rica historia que alberga este edificio. La estación, que conecta con Atocha, Sol y Chamartín, ha sufrido cambios en su fachada original y ha servido como refugio durante la Guerra Civil. Su arquitectura de estilo neomudéjar la hace destacar como un monumento histórico.

La estación de Aranjuez está estrechamente ligada a la historia ferroviaria de España. En 1851, se inauguró el ferrocarril que unía Madrid con Aranjuez, siendo el segundo tramo ferroviario del país, después de la línea Barcelona-Mataró. La estación original contaba con una vía exclusiva que llegaba hasta la Puerta de Damas del Palacio Real de Aranjuez, para uso de la corte.

La estación de tren de Aranjuez: un ejemplo de arquitectura neomudéjar

La actual estación de Aranjuez se construyó entre 1922 y 1927, siguiendo un diseño neomudéjar, similar al de la estación de tren de Toledo, declarada Bien de Interés Cultural. El edificio, realizado en ladrillo rojo visto, cuenta con un cuerpo central elevado y un gran vestíbulo con un artesonado luminoso y cinco lámparas de hierro forjado.

La fachada de la estación está realizada en ladrillo rojo visto, con azulejos decorativos y un zócalo de piedra en la planta baja. Tres grandes ventanales rematados con arcos de medio punto permiten la entrada de luz natural y destacan la entrada principal, coronada por un reloj de grandes dimensiones.