Pareja ucraniana en el frente de Donbás: quiénes son y qué hacen
Marina Pleshcheieva, 28 años, y Andrii Pleshcheiev, 35, forman parte de la Brigada 93 del ejército ucraniano. Ambos comparten vivienda en Kramatorsk y operan en el frente de Donetsk, aunque sus puestos nunca coinciden en el mismo sector. Cada seis días rotan entre la retaguardia y la línea de fuego, cumpliendo misiones de detección y neutralización de drones enemigos.
Marina había planeado un viaje a París el 24 de febrero 2022, pero la invasión rusa anuló sus planes. Abandonó su empleo bancario para ayudar a desplazados y, tras entrenarse, pidió incorporarse a la unidad donde sirvió su padre. Andrii, veterano de la misma brigada, se encarga de la vigilancia electrónica y el control de los sistemas anti‑drones.
Ambos viven bajo la constante amenaza de los ataques rusos, pero la autorización de su comandante les permite compartir un apartamento, lo que les brinda un raro respiro emocional en medio del conflicto.
Cómo la guerra de drones afecta su vida y misión
Los drones son la principal arma de ataque y defensa en el frente de Donbás. Cada día la pareja debe localizar y derribar dispositivos aéreos que pueden sobrevolar kilómetros de territorio sin ser detectados. Andrii explica que "el dron puede aparecer y desaparecer en segundos; la clave es buscar refugio y evitar el contacto directo".
El 27 de julio 2024, un misil Iskander impactó en el edificio donde servía el padre de Marina, matándolo al instante. "Fue la peor experiencia de mi vida; Andrii me llevó al campo para gritar y liberar el dolor", relata Marina. La pérdida reforzó su determinación y la unión de la pareja, que ahora canaliza el duelo en cada misión anti‑drone.
El uso intensivo de drones ha cambiado la rutina de los soldados: ya no se trata solo de fuego cruzado, sino de una guerra electrónica donde la velocidad y la precisión son vitales. La pareja señala que el estrés psicológico es tan alto como el físico, pues cada señal de radar puede significar un ataque inminente.
Contexto breve del conflicto y la tecnología de drones en Ucrania
Desde la invasión del 24 de febrero 2022, Ucrania ha dependido cada vez más de sistemas aéreos no tripulados para compensar la superioridad numérica rusa. Los drones permiten destruir infraestructuras críticas y rodear ciudades sin necesidad de una ocupación terrestre. En 2026, los combates en Donetsk se estabilizan en una línea de frente de apenas unos kilómetros, pero la amenaza aérea persiste.
Rusia mantiene posiciones a 4 km del pueblo natal de la madre de Marina, lo que subraya la proximidad del conflicto a la vida cotidiana de los civiles. La capacidad de lanzar ataques desde la distancia ha convertido a los drones en la herramienta decisiva para controlar territorios sin grandes despliegues de tropas.
Implicaciones futuras: moraleja y tendencias en la guerra moderna
Historias como la de Marina y Andrii demuestran la resiliencia humana frente a una guerra cada vez más tecnológica. La dependencia de drones sugiere que futuros conflictos se librarán mayormente en el aire y en el ciberespacio, reduciendo la necesidad de ocupaciones terrestres extensas.
Para Ucrania, la lección es clara: invertir en contramedidas electrónicas y entrenamiento especializado es esencial para mantener la defensa. Para el resto del mundo, la pareja simboliza cómo la guerra moderna obliga a civiles y soldados a adaptarse rápidamente a nuevas amenazas, mientras el vínculo humano sigue siendo el motor que sostiene la resistencia.
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Corresponsal Internacional
Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.
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