El amor es un sentimiento universal, pero la forma en que lo expresamos puede ser muy particular. Las palabras y expresiones que utilizamos para referirnos a nuestras parejas revelan mucho más que un simple sentimiento. Crean un universo único que solo comparten dos personas y que no puede transferirse a otras relaciones.
La forma en que hablamos del amor y a nuestra pareja puede ser muy reveladora. Las metáforas que utilizamos pueden estructurar nuestra experiencia del amor y reflejar cómo lo interpretamos. Por ejemplo, el ámbito de la salud puede implicar ver el amor como una especie de dolencia que puede acabar con la vida. También se puede hablar de la fauna, como cuando se dice que el corazón se 'desboca' o que se sienten 'mariposas' en el estómago.
El lenguaje del amor también implica la forma en que se hablan las parejas. Las palabras creadas o utilizadas por quienes forman la relación pueden tener una base lingüística muy curiosa. Cada pareja utiliza sus propias palabras porque nacen de experiencias comunes, como errores lingüísticos, bromas, anécdotas, canciones o memes. Ahí entran en juego palabrejas inventadas como 'churri', 'cuchichú', 'ojito saltón' o 'gatosito', que dejan de significar y sirven exclusivamente para denotar.
Otro recurso habitual es el uso de diminutivos, como 'chiquitín' o 'brujita', que no remiten a los sustantivos en tamaño de bolsillo, sino que recubren a la otra persona de una capa de cariño. También ocurren con las referencias al físico, como 'gordo' o 'canija', que funcionan igual para una persona normativa como para quienes no cumplen los cánones sociales de peso y altura.





