La vida de Lady Blue ha dado un giro inesperado. Después de una llamada telefónica con su amiga Eme, comienza a reflexionar sobre su reciente experiencia amorosa. 'Estaba en mi interior, excavando', admite, refiriéndose a su proceso de introspección. Eme, sorprendida, le pregunta si se ha enamorado. Lady Blue responde con una risa: 'No, loca, no me he enamorado, pero un cretino me ha roto el corazón'. Las dos amigas deciden salir y disfrutar de una noche de chicas para olvidar sus penas.
La noche comienza en una marisquería de barrio en Olavide. La charla se anima con vino, risas y confidencias. Las amigas se reúnen para compartir sus experiencias y desahogarse sobre sus relaciones pasadas. La conversación se centra en tres temas principales: familia, trabajo y hombres. La velada se convierte en una especie de terapia grupal, donde cada una comparte sus historias y consejos.
Al principio, la comida es una distracción bienvenida, pero pronto la conversación se vuelve más profunda. Las mujeres comienzan a compartir sus historias de amor y desamor, y la noche se convierte en una especie de convención del desamor. La pasión y la emoción se desatan, y las participantes se erigen en verdugos profesionales, extrayendo cabezas a destajo. La violencia emocional se transforma en violencia física, aunque solo sea simbólica.
Sin embargo, pronto se hace evidente que el problema no es solo la forma en que los hombres las tratan, sino también la forma en que ellas mismas se entregan demasiado rápido. Tienden a romantizar las relaciones y a otorgarles un significado que no siempre existe. La solución, según Lady Blue, es adoptar una filosofía más pragmática, inspirada en la icónica Mae West: 'Los hombres son mi hobby'. La clave es disfrutar de las relaciones sin otorgarles un significado excesivo y saber cuándo es hora de decir adiós.





