La salida de María Jesús Montero del Gobierno ha generado un ambiente emotivo y de reconocimiento hacia su persona. Su renuncia al cargo de vicepresidenta primera para presentarse a las elecciones autonómicas en Andalucía ha sido vista como un gesto de lealtad y compromiso con el partido.
El último día que Montero se sentó en el Congreso, el diputado socialista Antidio Fagúndez se acercó a ella y le entregó dos rosas rojas en nombre del Grupo Socialista. Este gesto simboliza el aprecio y la valoración que el partido tiene hacia su figura. La decisión de dejar el Gobierno y presentarse a las elecciones en Andalucía no ha sido fácil para Montero, quien ha expresado su deseo de continuar en sus responsabilidades actuales.
Fuentes socialistas cercanas a Montero destacan que su salida se debe a una petición directa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. "Ella ha sido una persona imprescindible para el presidente en los últimos años. Deja un vacío que será difícil de llenar", señalan. A pesar de la difícil tarea que tiene por delante, Montero ha mostrado su compromiso con la campaña y su deseo de trabajar por Andalucía.
La marcha de Montero también ha generado reacciones en el partido. Algunos dirigentes socialistas ven su salida como un sacrificio personal y político. "Se va muy disgustada, no se atrevió a decir 'no' a Sánchez", aseguran altos cargos del Ejecutivo. Sin embargo, también hay voces que destacan la importancia de su candidatura para el partido en Andalucía.
La dirección del PSOE mantiene una visión optimista de cara a las elecciones del 17 de mayo. Aunque las expectativas son bajas, "no vemos una debacle; subir dos diputados sería un resultado aceptable", señalan fuentes de la dirección socialista. Sin embargo, en las federaciones socialistas fuera de Madrid, el estado de ánimo es "malo" y la candidata no suscita el mismo entusiasmo.





