La presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), Kirsty Coventry, ha tomado una decisión que ha generado gran controversia en el mundo del deporte. Bajo su mandato, el COI ha aprobado nuevas reglas de elegibilidad para las competiciones femeninas en los Juegos Olímpicos de verano e invierno, y cualquier otra competición olímpica. Estas reglas tienen como objetivo excluir a las mujeres que no cumplan con ciertos estándares de pureza genética.
En la antigua Olimpia, las mujeres tenían prohibido asistir a los Juegos Olímpicos bajo pena de muerte. Veintiocho siglos después, las mujeres siguen enfrentando obstáculos para participar en los Juegos. La nueva política de elegibilidad del COI exige que las mujeres que deseen competir tengan un pedigree genético que las acredite como mujeres biológicamente puras. Esta decisión ha generado gran polémica, ya que se basa en un concepto pseudocientífico de pureza biológica que nos retrotrae a procesos de cribaje genético que creíamos desaparecidos.
El COI ha decidido utilizar el gen SRY como criterio para determinar si una mujer es biológicamente pura. Sin embargo, este gen no es concluyente ni eficaz para determinar la ventaja competitiva de una mujer. El científico que descubrió el gen SRY en 1990, Andrew Sinclair, se ha pronunciado públicamente en contra de su uso como criterio de discriminación. Según Sinclair, la presencia del gen SRY no acredita la ventaja competitiva de una mujer.





