La atacante del Barcelona, Ewa Pajor, se sienta en la Ciudad Deportiva del club con una sonrisa cálida y una mirada brillante. La futbolista polaca, de 29 años, ha recorrido un largo camino desde su infancia en la pequeña aldea de Pęgów, en Polonia. Con un pasado marcado por la pasión por el fútbol y el apoyo incondicional de su familia, Pajor se ha convertido en una de las delanteras más destacadas del mundo.
En un granero de su aldea, Pajor empezaba a disparar contra una portería improvisada en la pared. 'Siempre jugaba para marcar goles', recuerda con una sonrisa. 'Lo hacíamos todos los días, todo el rato, y siempre me gustó'. La atacante no necesitó que nadie la convenciera de ser delantera; los goles la arrastraron de aquel granero a convertirse en una de las atacantes más determinantes del fútbol femenino.
Pajor llegó al Barça hace dos veranos, después de nueve temporadas en el Wolfsburgo. Sus cifras de goles han aumentado notablemente: 44 goles en su primer curso y 27 en el actual. Además, es la máxima goleadora histórica de los clásicos, junto a Alexia Putellas, con 13 tantos.
Sin embargo, Pajor evita el foco individual. 'El equipo hace que todo sea más fácil, y yo marco gracias a él', afirma. 'Para mí, lo más importante es contribuir, no solo con goles, también con asistencias y con el trabajo en defensa'. Celebra las asistencias casi más que los goles y rehúye el tópico del egoísmo. 'Todo lo que pasa antes del gol es muy importante. A veces no toco el balón tanto como debería, pero lo entiendo. Trabajo también para crear espacios'.
Este domingo, el Barça se enfrenta al Real Madrid en un partido que podría dejar prácticamente sentenciada la Liga. El jueves, el equipo regresa al Camp Nou para la vuelta de los cuartos de final de la Champions, después del 2-6 en la ida. Pajor confiesa que son días duros, pero satisfactorios. 'El estadio ya lo conozco, aunque desde el otro lado, con el Wolfsburgo', recuerda. 'Ahora espero vivir eso con el Barça. Será un día especial para el equipo, pero sobre todo para mí'.
Durante la entrevista, unas niñas se acercan para pedirle una foto. Pajor las llama de vuelta, es calmada y contrasta con su instinto y potencia en el área. Desprende humildad sincera. Quizá tenga que ver con sus orígenes. Es la menor de una familia numerosa y creció entre animales y campos, ayudando en la granja de sus padres. Siempre que puede, regresa a casa. 'Me encanta pasar tiempo con mi familia y ayudar en la granja', asegura.
Pajor heredó la disciplina de sus padres. 'Se levantaban a las cuatro o cinco de la mañana todos los días. No podían decir: 'Nos vamos 10 días de vacaciones''. Aprendió de ellos la constancia. Sin embargo, nunca tuvo referentes femeninos. 'Soñaba con ser futbolista, pero jugaba con chicos, para mí era normal, y pensaba que tendría que jugar con ellos toda mi vida'. Hoy, es ella quien ocupa ese lugar en Polonia como referente y embajadora de la academia de su primer entrenador.
'Queremos mejorar el fútbol femenino en Polonia', afirma. 'Quiero demostrar que, independientemente de dónde vengas, ahora puedes jugar al fútbol'. Para ella, lograrlo tuvo que marcharse de casa con 12 años para jugar en el Medyk Konin. Lo hizo acompañada de su hermana Paulina. 'Recuerdo que llorábamos con las maletas. Nuestra madre nos preguntaba: 'Si queréis ir, ¿por qué lloráis?''. A los 15 debutó en la máxima categoría polaca. 'Fue el mejor día de mi vida en ese momento. Ahí sentí por primera vez que podía ser futbolista profesional'.
El salto a Alemania marcó su carrera. Con 18 años llegó al Wolfsburgo. Su hermana la acompañó de nuevo. 'Fue un gran paso, muy difícil. Todo era nuevo. En dos o tres meses tuve que mejorar muchísimo'. En ese periodo le detectaron una enfermedad ocular que amenazaba su visión. 'No fue fácil. No veía bien, pero encontramos una solución y me operé'. Desde entonces, convive con lentillas.
Creció en un equipo dominante y ganador, pero también aprendió a perder. 'Siempre me ponía triste y me preguntaba por qué perdía una y otra vez', confiesa. 'Pero cada partido, no solo la final, me ha enseñado mucho'. Sigue con la ambición de ganar la Champions.
El salto a Barcelona fue distinto y su salida a Alemania le ayudó a adaptarse. 'Desde el primer día me siento muy bien aquí', afirma. 'Me encanta nuestra forma de jugar. Controlamos el juego, tenemos mucha posesión y creamos tantas ocasiones'. Habla enamorada del juego, también del buen clima y de la ciudad.
La tranquilidad es muy importante para Pajor. Escucha música polaca para sentirse cerca de casa, pero ya le ha cogido el gustillo al reggaeton del vestuario. Cuida al detalle su cuerpo, pero también la cabeza. Medita y trabaja con un psicólogo desde hace cinco años. 'El mundo va muy rápido', reflexiona.
Cuando mira atrás, a aquella portería en la pared, Pajor siente agradecimiento. 'Cuando pienso de dónde vengo, en cómo me apoya mi familia cada día, en cómo lo hizo mi primer entrenador... solo puedo estar agradecida por mis orígenes y por dónde estoy ahora'. Vuelve a sonreír. 'Es una sensación muy emocionante'.