La relación entre el oro y los tipos de interés reales sigue siendo estrecha, aunque ha experimentado cambios significativos en las últimas décadas. Cuando Paul Volcker asumió la presidencia de la Reserva Federal en 1979, la economía estadounidense estaba sumida en una profunda crisis inflacionaria, con tasas superiores al 14%. La implementación de políticas monetarias restrictivas, como la subida de los tipos de interés y la restricción del crédito bancario, logró reducir la inflación a niveles inferiores al 3% en apenas tres años. Aunque estas medidas provocaron una recesión, demostraron ser efectivas para controlar los excesos inflacionistas.
La estrategia de Volcker también tuvo un impacto significativo en el mercado del oro. Como uno de los arquitectos de la salida de Estados Unidos del patrón oro, Volcker contribuyó a frenar las fuertes revalorizaciones del metal precioso. La llegada de Reagan a la presidencia, con su giro hacia una política fiscal más restrictiva, también eliminó otro factor que soportaba al oro.
La relación entre el oro y los tipos de interés reales se basa en la capacidad del dinero fiduciario para conservar su poder adquisitivo. Cuando los inversores pueden obtener rendimientos sin asumir riesgos, como a través de depósitos, el oro pierde atractivo. Por el contrario, cuando esto no es posible, el metal gana protagonismo.
Aunque la correlación entre el oro y los tipos de interés reales se mantuvo estable durante décadas, cambió tras el estallido de la invasión de Ucrania. A pesar del aumento de los tipos reales en Estados Unidos, que llegaron a situarse por encima del , y de los retrocesos iniciales, el oro continuó comportándose de forma notable, multiplicándose por tres desde los mínimos de septiembre de .





