El ataque israelí que cobró la vida de tres periodistas en el sur del Líbano ha generado una ola de condenas unánimes en el país, que ha vuelto a sufrir la dolorosa realidad de los cementerios 'provisionales' para víctimas del conflicto.
La guerra en el Líbano ha resucitado la sombría tradición de los cementerios improvisados, donde se entierran las víctimas del conflicto que no pueden ser sepultadas en sus aldeas de origen debido a la situación de guerra. Los cuerpos de los periodistas Ali Choeib, Fatima Fatouni y su hermano, el camarógrafo Mohammed Fatouni, fueron enterrados en uno de estos espacios habilitados en el cementerio de Choueifat, al sur de Beirut.
El funeral se llevó a cabo en un ambiente de dolor y rabia, con gritos de '¡Muerte a Israel!' y '¡Muerte a América!' mientras se recibían los cadáveres. Según colegas de Ali Choeib, quien trabajaba para la cadena de televisión Al Manar, el reportero había recibido amenazas de muerte por parte de Israel en varias ocasiones. 'Le decían que lo iban a matar, algo que suelen hacer con todos nosotros', afirmó Hosein Mortada, otro periodista que también ha sido amenazado.
El gobierno israelí intentó justificar el asesinato afirmando que Choeib era un 'terrorista disfrazado de periodista', pero no presentó pruebas que respaldaran esta afirmación. Los militares también ignoraron el motivo por el que decidieron atacar a los dos periodistas de Al Mayadeen TV. El asesinato de periodistas a manos de las fuerzas israelíes ha sido una constante en la guerra del Líbano y en el genocidio de Gaza, donde murieron 261 periodistas, según la Federación Internacional de Periodistas.




