Han pasado tres días desde que Noelia falleció, y la polémica sobre su muerte sigue siendo un tema candente. Sin embargo, pocos se han detenido a pensar en su vida antes de su muerte. La historia de Noelia es un recordatorio de que, cuando el sufrimiento acaba, es fácil opinar sobre el caso sin tener que enfrentarse a la realidad del dolor ajeno. Desde la comodidad de nuestra pantalla del ordenador, podemos pontificar sobre la eutanasia sin tener que lidiar con el olor a muerte que conlleva.
El periodista Oriol Solé Altimira ha afirmado que 'con su muerte, Noelia ha ganado'. Sin embargo, esta declaración no es más que una muestra de superficialidad y falta de comprensión. La eutanasia no puede ser vista como una victoria, sino como un fracaso de la sociedad que no ha sido capaz de garantizar una vida digna. Quien celebra la muerte de alguien como Noelia demuestra una gran insensibilidad y cinismo.
La sociedad en su conjunto es responsable del sufrimiento de personas como Noelia. Los familiares, los médicos y las instituciones tienen un deber concreto hacia ella, pero como miembros de la sociedad, no podemos desentendernos del dolor ajeno. La eutanasia, si se considera un derecho, debe ser vista como un fracaso de la sociedad que no ha proporcionado los medios para una vida suficientemente digna. ¿Por qué tenemos el deber de provocar la muerte a alguien que sufre si no somos responsables de su vida?
La eutanasia solo puede ser asumida como un fracaso de la responsabilidad que tenemos unos hacia otros. No hemos sido capaces de garantizar la dignidad de una vida, y por lo tanto, nos vemos obligados a procurar una salida. Quien celebra la muerte de Noelia no solo es un desalmado, sino también un inmoral y un idiota que no ha entendido aquello que pretende defender.





