La política, ¿tiene un final? (XV)

Esperanza Aguirre Gil de Biedma, una figura destacada en la política española, cumple años sin perder su energía, perspicacia política y simpatía. Conocida por ser una liberal sin tapujos, atrevida y siempre políticamente incorrecta, recibe a nuestro periódico en su hogar, en el corazón de Madrid. La charla, interrumpida por dos llamadas de personalidades del Partido Popular, transcurre entre recuerdos de su vida política en su amplio patio interior, un oasis de paz a pocos metros de la bulliciosa Gran Vía madrileña.

Aguirre, la primera mujer ministra de Educación (1996-1999), primera presidenta del Senado (1999-2002) y primera presidenta de una comunidad autónoma elegida tras unas elecciones (2003-2012), ha sido un referente para muchas mujeres en la política. Sin embargo, su feminismo se asemeja más al de Vox que al de otras corrientes, ya que defiende la igualdad ante la ley y se opone a eliminar la presunción de inocencia en los hombres.

"¿Su feminismo es similar al de Vox, como afirma María Guardiola?", se le pregunta. "Vox también defiende la igualdad ante la ley, así que es el mismo feminismo", responde.

La trayectoria política de Aguirre comenzó temprano, influida en parte por su familia. A los 31 años, fue concejala de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid por Coalición Popular (1983). En 1991, con José María Álvarez del Manzano como alcalde, Aguirre ascendió a tercera teniente de alcalde y dirigió el Área de Medio Ambiente.

Esperanza Aguirre, antes de la entrevista. / José Luis Roca