Han pasado cincuenta años desde que las dictaduras latinoamericanas se unieron bajo una alianza ultraliberal y anticomunista. A pesar de que la región ha avanzado hacia la democracia, todavía existen herederos de la Escuela de Chicago en varios países.
En marzo de 1976, apenas 100 días antes del golpe de Estado en Argentina, se firmó el Plan Cóndor, un acuerdo secreto entre seis países latinoamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay) con regímenes militares de extrema derecha. El objetivo era eliminar a las oposiciones políticas, consideradas 'la amenaza comunista' o 'los subversivos', mediante el intercambio de información, recursos técnicos de tortura y presos políticos. La reunión de inteligencia fue auspiciada por la CIA y dirigida por el coronel Manuel Contreras, de la Dina.
Durante años, la existencia del Plan Cóndor fue negada, pero Estados Unidos tenía conocimiento de él desde el principio, a través del secretario de Estado, Henry Kissinger. En cada país, la inteligencia militar y las unidades especiales de la policía crearon escuadrones de la muerte para eliminar a la izquierda y sus simpatizantes. Los sospechosos eran detenidos, torturados y a menudo asesinados, sus cuerpos abandonados en lugares públicos como advertencia. A otros se les hacía 'desaparecer'.
El periodista Jon Lee Anderson describe en el prólogo del libro 'Cóndor' (editorial Blume), del fotoperiodista João Pina, cómo quienes financiaron el plan recibieron apoyo de criminales de guerra nazis. 'Antiguos oficiales de la Gestapo y las SS', escribe Anderson, 'les enseñaron técnicas de tortura e incluso participaron en su aplicación'. La realidad supera a la ficción.





