La asociación de vecinos de la Dreta de l'Eixample de Barcelona, liderada por Jaume Artigas, lleva años denunciando la compra de edificios enteros por parte de fondos de inversión y extranjeros ricos, que convierten las viviendas en pisos de lujo y provocan desahucios. 'Hemos detectado hasta 116 promociones especulativas', lamenta Artigas. El barrio ha cambiado: hay edificios con escaleras semivacías y alrededor del 30% de las viviendas no tienen a ningún vecino empadronado. 'Muchos de los compradores son extranjeros que no viven en esas casas, sino que las tienen para cuando vienen de fin de semana a Barcelona', explica Artigas.
La capital catalana ha sido testigo de un proceso de gentrificación desde los Juegos Olímpicos de 1992, que han llevado a la llegada de millones de turistas y a la compra de viviendas de lujo por parte de extranjeros ricos. La ciudad ha visto cómo las viviendas de lujo invaden el paseo de Gràcia y se expanden al resto del centro de la ciudad, alentadas por medidas como los visados de oro implantados por el Gobierno de Mariano Rajoy. Sin embargo, la crisis de la vivienda en España ha llevado a un cambio de rumbo en las políticas.
El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha anunciado que 'prohibiría que los extranjeros no comunitarios compren segundas residencias en Barcelona', siguiendo el ejemplo de Canadá, que en 2023 implementó medidas para frenar la escalada de los precios de la vivienda. El Ministerio de Vivienda, dirigido por Isabel Rodríguez, se ha comprometido a luchar contra la especulación y ha anunciado medidas para limitar la compra de viviendas como activo financiero.





