Las cintas de Santiago Segura suelen ser proyectos que se autofinancian con facilidad. Sin embargo, existen otras producciones que requieren de manera imprescindible el apoyo económico gubernamental para ver la luz, lo cual es aceptable siempre y cuando los fondos se destinen efectivamente a la producción y no a gastos superfluos.

El éxito de ¡Torrente, presidente! ha avivado el mito de que Santiago Segura realiza sus películas sin recibir subvenciones. No sé cómo surgió esta falacia, pero resulta desolador que un dato fácilmente verificable en un par de clics se considere real solo porque se ajusta a la percepción que tienen algunas personas. La última entrega de la saga Torrente no ha obtenido ayudas directas ni subvenciones para su proyecto, ya que cuenta con la financiación de Netflix y Atresmedia, siendo la primera conocida por su generosidad. No es difícil identificar las ayudas que han recibido otras películas del director; ayudas sobre las que, por cierto, Segura nunca ha hablado negativamente, sino todo lo contrario.

Las películas de Santiago Segura son productos de financiación relativamente sencilla, dado que generan beneficios sustanciales. Otras necesitan de forma imprescindible una ayuda pública para producirse, lo cual está bien siempre y cuando el dinero se utilice para la producción y no para gastos innecesarios como viajes, comidas de lujo o fiestas en lugares suntuosos. Creo que la mayoría de los productores son honestos y que los excesos de ciertos individuos -algunos de ellos en exilio voluntario- están desapareciendo. También creo que la manera de evitar tentaciones es realizar auditorías exhaustivas.