En los últimos cinco meses, más de 13.000 refugiados han cruzado la frontera hacia Mauritania, huyendo de la escalada de violencia en el centro de Malí. La región de Hodh Ech Chargi, al sureste de Mauritania, se ha convertido en el hogar temporal de estos malienses que escapan de los enfrentamientos entre el ejército maliense y los mercenarios rusos de Africa Corps contra grupos yihadistas.
La historia de Mentou, un refugiado maliense, es un testimonio de la violencia y el miedo que han llevado a miles de personas a dejar sus hogares. Recuerda el día en que comenzaron los disparos en su pueblo, Boflusa, y cómo su familia se escondió para evitar ser alcanzada por las balas. La señal de un dron sobrevolando el mercado fue un indicio de que la violencia estaba cerca. Poco después, hombres armados llegaron al pueblo, quemando puestos y disparando contra la multitud.
Mentou y su familia esperaron hasta el anochecer para huir hacia Mauritania, un país donde el 97% de los 309.000 refugiados y solicitantes de asilo son malienses. La cifra de refugiados ha aumentado un 75% en comparación con 2023, según la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur).
Los refugiados malienses en Mauritania han descrito la violencia que han sufrido a manos de los combatientes de Africa Corps y los grupos yihadistas. Guedou y Tayab, dos mujeres refugiadas, relatan cómo vieron decapitar a personas, incluso a niños, y cómo pasaron junto a cadáveres en los caminos que cruzan la frontera.





