Durante las vacaciones de Semana Santa, conducir puede ser especialmente desafiante debido al aumento significativo de desplazamientos y a las condiciones meteorológicas cambiantes. La Dirección General de Tráfico (DGT) anticipa alrededor de 16 millones de viajes en un corto período, lo que eleva notablemente la densidad del tráfico.
A esto se suman fenómenos como la inestabilidad meteorológica, con lluvias frecuentes y variaciones de temperatura, una mayor incidencia solar que afecta a la visión y el cambio horario en la madrugada del domingo, que altera los momentos de luz durante la operación retorno. Además, en esta época aumentan los niveles de polen y polvo, así como la presencia de animales e insectos.
Todos estos elementos tienen un impacto directo en la visibilidad, un aspecto clave al conducir, ya que aproximadamente el 90% de la información que recibe el conductor entra por la vista. En este contexto, el parabrisas y los limpiaparabrisas cobran especial importancia.
Las precipitaciones son habituales en estas fechas, y conducir bajo la lluvia eleva hasta un 70% el riesgo de accidente. Más allá del menor agarre del asfalto, el principal problema es la pérdida de visibilidad. El agua acumulada en el parabrisas distorsiona la luz, incluso con los limpiaparabrisas en funcionamiento.
El problema se agrava si el cristal presenta daños o si las escobillas están desgastadas. En caso de lluvia intensa, es fundamental encender las luces y fijarse en los vehículos de delante como referencia. Detectar acumulaciones de agua en la calzada es clave para evitar el . Conviene aumentar la distancia de seguridad y observar cómo circulan otros vehículos, especialmente los de gran tamaño, que pueden levantar grandes salpicaduras.






