Resulta tedioso debatir sobre asuntos fundamentales como la sanidad y educación públicas, la economía, los impuestos, la paz, la justicia internacional o los derechos humanos; es más fácil recurrir a la descalificación y el insulto.

Con la proximidad de las vacaciones de Semana Santa, que suelen propiciar reuniones familiares y de amigos con música y algarabía, quiero ofrecer algunas reflexiones para que aquellos que se sitúan en la derecha y la extrema derecha puedan reflexionar sobre las causas de la mala situación que atraviesa España. Si nos valemos de la capacidad metafórica del reino animal, aquellos a quienes se califica de izquierdistas son asimilados a hienas, zorros astutos, sabandijas, ratas, víboras, chinches y otras criaturas que simbolizan la molestia o el peligro.

Este paralelismo entre el ser humano y el mundo animal se fundamenta en la identificación. Se atribuyen a los izquierdistas raíces maléficas, considerándolos malhechores, personas de mala índole, con mala educación y de mal carácter. También se recurre al prefijo 'des' para adjetivarlos como deshonestos, desleales o desafectos. En ocasiones, cuando el insulto proviene de la propia izquierda, se les tilda de descafeinados. Los izquierdistas son vistos como la encarnación de la degradación humana, comportándose como delincuentes, corruptos, sobornados, viciosos, mentirosos y pervertidos.

Es sorprendente cómo el lenguaje puede ser tan rico y expresivo al hablar de los demás, sacando provecho de sus defectos para jugar con los sentimientos, las almas y los cuerpos. Es aburrido hablar de sanidad y educación públicas, economía, impuestos, paz, justicia internacional o derechos humanos. Prefieren descalificar e insultar. Uno tiene que contenerse para no hablar de ciertos comportamientos gregarios o reacciones irracionales. Mejor recordar tiempos pasados, cuando la madurez de un limonero era un símbolo de nostalgia, y reconocer que ya no hay dos Españas enfrentadas que puedan herirnos el corazón. Ahora nos basta con una.