El gabinete ministerial del Gobierno español presenta una característica destacada: la mayoría de los ministros militantes del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) son designados para desempeñar roles de choque, mientras que las tareas más delicadas y estratégicas son encomendadas a personas ajenas al partido.

Carlos Cuerpo, con su sólida formación y talante, es considerado uno de los ministros más solventes del Gobierno. Su gestión al frente de la cartera de Economía le ha valido un reconocimiento generalizado, similar al que disfrutaba su predecesora y mentora, Nadia Calviño. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido ascender a Cuerpo al cargo de vicepresidente, un rango que comparte con otra ministra de perfil técnico, Sara Aagesen. Cabe destacar que ninguno de los dos, al igual que Calviño, es militante del PSOE.

La circunstancia de que las dos vicepresidencias recaigan en perfiles tecnocráticos no afiliados al PSOE es significativa. Por un lado, pone de relieve una clara diferenciación entre la sede del partido en Ferraz y la Presidencia del Gobierno en La Moncloa. Por otro, transmite un mensaje claro: los ministros militantes suelen ser reclutados para roles de confrontación, mientras que las operaciones más delicadas y potencialmente más rentables se reservan para personas ajenas al partido.

Resulta sorprendente, ya que durante décadas el PSOE se caracterizó por ser una organización con una fuerte presencia entre las élites intelectuales y funcionariales. Catedráticos, técnicos de la administración y profesionales con carreras consolidadas constituían una cantera permanente para proveer de perfiles solventes a los gobiernos socialistas. Cabe preguntarse qué ha ocurrido para que, con el tiempo, ningún ministro con carné del partido pueda aspirar hoy a una vicepresidencia.