El Ayuntamiento de Barcelona aprobó en 1987 un plan para convertir la calle Tarragona en un eje urbano vital, con una amplia avenida y torres de oficinas. El proyecto, firmado por Jordi Garcés y Enric Sòria, buscaba aprovechar el impulso de los Juegos Olímpicos de 1992. La iniciativa quedó incompleta, pero ahora se retoma con una reforma y la construcción de edificios.
El proyecto original
El plan de 1987 planteaba la creación de un 'salón comercial o de negocios' con edificios altos que articularan un gran centro de actividades no residenciales. Se proponían cuatro torres con aspecto de rascacielos para servicios terciarios y administrativos. El objetivo era aprovechar el impulso de los Juegos Olímpicos para crear un eje urbano innovador.







