El feminismo ha logrado avances significativos, pero su autoridad moral entre los jóvenes se está perdiendo. En España, más de la mitad de los hombres y casi cuatro de cada diez mujeres menores de 30 años creen que el feminismo se utiliza como herramienta política de manipulación. Esta tendencia es global, según una encuesta de Ipsos realizada en más de 30 países.
El feminismo en la encrucijada
La mayoría de los centennials cree que la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres ha ido demasiado lejos. Esto puede deberse a que las batallas del feminismo pertenecen a un pasado difícil de concebir para muchos jóvenes. La violación dentro del matrimonio no empezó a perseguirse penalmente en España hasta 1989, lo que les resulta tan moralmente remoto como el trabajo infantil.
La reacción contra el feminismo
Pero en lugar de una extinción silenciosa de sus proclamas, el feminismo enfrenta un discurso estridente que lo combate abiertamente. Están las tradwives que reivindican la dicha doméstica, y los chicos de la red pill, incels y gurús de la manosfera, que mezclan misoginia y teoría conspirativa. La libertad de expresión tiene su peaje, pero hay otro discurso crítico que merece ser escuchado.
El malestar de los jóvenes
El malestar de chicos con dificultades educativas, hombres jóvenes con problemas de salud mental y trabajadores poco cualificados y rezagados, constatan que la igualdad de género es un ideal de parte, no universal. Su preocupación tiene apoyo empírico: en todos los países desarrollados, los niños se quedan atrás en lectura desde la primaria.
Desigualdades de género en la educación
Según datos de la OCDE, el abandono escolar temprano es un fenómeno claramente masculino, y los estudios superiores son cada vez más femeninos. En España, el 56% de las mujeres de entre 30 y 34 años tiene educación superior, frente al 46% de los hombres. La brecha se repite y se amplía en toda Europa y Estados Unidos.
El impacto en la economía
La pérdida de empleos industriales ha dejado a muchos hombres sin trabajo estable ni identidad. El resultado es un ejército de reserva creciente sin la economía que una vez lo necesitó, ni una alternativa clara. Estos cambios no invierten la desigualdad de género, pero sí complejizan el diagnóstico.
La desigualdad de género en diferentes niveles
En las posiciones intermedias de la distribución, las mujeres siguen teniendo salarios más bajos, mayor presencia en el empleo a tiempo parcial y carreras más interrumpidas. Pero en la cima, los hombres siguen dominando la esfera política y económica. Y en los barrios más desfavorecidos, el diagnóstico es más complejo: tres de cada cuatro suicidios en España corresponden a hombres.
Respuestas tentadoras que deben evitarse
Ante las desigualdades de género que afectan a los hombres, hay tres respuestas tentadoras que el feminismo debe evitar. La primera es la estratégica: elegir batallas y priorizar a las mujeres. La segunda es la histórica: algo de reequilibrio no viene mal después de siglos de patriarcado. La tercera es la culpabilizadora: interpretar el suicidio o la adicción como el reverso inevitable de la biología masculina.
La única estrategia ganadora
El feminismo está perdiendo la autoridad moral entre los jóvenes porque no tiene mucho que decirle a un hombre joven sin trabajo, sin estudios y sin perspectivas. Para recuperar esa autoridad, hace falta repensar la igualdad de género como un proyecto no de mujeres contra hombres, sino de todas las personas contra las estructuras de poder que las constriñen por razón de género. Esas estructuras han perjudicado abrumadoramente a las mujeres, pero también perjudican a algunos hombres.
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Editora de Tecnología
Editora de tecnología. Especialista en inteligencia artificial y transformación digital.
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