A los 73 años, he llegado a una etapa en la que la muerte es una realidad inevitable. Como la mayoría de las personas de mi edad, he perdido a mis seres queridos y he tenido que enfrentar la realidad de mi propia mortalidad. Me pregunto, ¿qué sigue después de la vida?

La muerte como una parte de la vida

He perdido a mi abuela, abuelo, padre y madre. Todos han fallecido, y ahora es mi turno. La muerte es un tema que ya no es tabú para mí. He tenido que despedirme de varios seres queridos y cercanos, lo que me ha enseñado a valorar la vida.

La muerte de mi madre a los 96 años fue un momento difícil. Mujer católica a la vieja usanza, supo disfrutar de una vida plena. A los 90 años, los achaques comenzaron a complicarle el día a día. Sus últimos años fueron de dependencia, pero siempre mantuvo su clarividencia.

La vida plena y la muerte digna

Tengo una vida plena, soy esposo, padre, abuelo, amigo, de izquierdas, viajero, jugador de pádel, cocinero. Pertenezco a una generación con suerte, no hemos sufrido guerras en carne propia. He tenido una vida plena y quiero exprimirla hasta el último momento.

Pero sé que me va tocando. Como comentamos en las conversaciones de viejos, 'estamos en tiempo de descuento'. Debo planificar el último momento. He hecho mi testamento vital y mi familia sabe que no quiero prolongar mi vida por medio de artificios médicos.

La eutanasia y la muerte digna