En abril de 1976, Sevilla vivió una Semana Santa que, aunque marcada por la muerte del dictador Francisco Franco cinco meses atrás, apenas registró cambios significativos en su estructura y desarrollo. La orden de 'no mover un varal' se convirtió en un símbolo de la inmovilidad que caracterizó a esta celebración. A pesar de que la transición democrática había comenzado, el contexto social y político seguía estando marcado por la crisis económica y la represión.

La continuidad del franquismo en la Semana Santa

La Semana Santa de 1976 fue, en realidad, la última del franquismo, ya que el proceso de transición a la democracia apenas había comenzado. Isidoro Moreno Navarro, catedrático emérito de Antropología de la Universidad de Sevilla, afirma que 'no se notó absolutamente nada' en la celebración de la Semana Santa tras la muerte de Franco. La represión y las autoridades seguían siendo las mismas, lo que evidencia la continuidad del régimen.

El contexto social y político

En marzo de 1976, Sevilla vivió una serie de protestas y huelgas que reflejaban el descontento social y económico de la época. Una manifestación de amas de casa, celebrada el 1 de marzo, reclamó la congelación de precios y aumentos salariales para sus maridos. Esta protesta, en la que participaron alrededor de 400 mujeres, fue un ejemplo de la creciente movilización social.

La relación entre las hermandades y la política