La crisis energética actual deja lecciones importantes para el futuro. Australia y Alemania están considerando la posibilidad de implementar impuestos sobre los beneficios 'caídos del cielo' obtenidos por las empresas de petróleo y gas natural debido a la guerra en Irán. Estos gravámenes pueden ser impredecibles.
La imprevisibilidad de los gravámenes
En 2022, los miembros de la UE lograron recaudar 29.000 millones de euros en 'contribuciones de solidaridad' de las petroleras y gasísticas, superando el objetivo de 25.000 millones. Sin embargo, un plan para gravar a las utilities que cobraban más de 180 euros por MWh parecía destinado a no alcanzar la estimación inicial de 50.000 millones.
Lecciones de otros países
Las versiones británicas de los impuestos sobre los ingresos y beneficios excesivos han recaudado hasta ahora menos de un cuarto de las previsiones del Gobierno. India, por otro lado, impuso nuevos gravámenes a las exportaciones de gasóleo y combustible para turbinas de aviación para maximizar la disponibilidad interna. Australia podría seguir su ejemplo.
Opciones para la tributación
Otra opción es aplicar un impuesto a la producción de sus pozos, ya que esta no fluctúa tanto como los precios. El uso de los ingresos también es crucial. Nueva Delhi destinó sus ingresos de entre 2022 y 2024 a ampliar el acceso de los hogares al gas licuado de petróleo (GLP).





