El presidente de la Federación Española de Fútbol, Sr. Louzán, parece tener un problema de vista o de oído. El lamentable espectáculo racista y xenófobo en el RCDE Stadium este martes no fue un hecho puntual, sino un cántico de odio que involucró a centenares de aficionados. El 'Musulmán el que no bote, eh, eh' se convirtió en un grito de la vergüenza que ya forma parte de la historia de España.

La indiferencia de los responsables

El colegiado del partido debió activar el protocolo para parar o suspender el encuentro, pero el negocio y el espectáculo primaron. Los mensajes de megafonía y videomarcadores fueron silbados por una gran parte del público. La imagen del estadio de Cornellà-El Prat ha dado la vuelta al mundo, confirmando la amenaza ultraderechista que preocupa a muchos.

Un vehículo de odio

Si el fútbol es la imagen de la sociedad, estamos en un grave problema. Hechos como éste lo convierten en un vehículo de odio y intolerancia. La máxima preocupación de algunos es perder la organización de un Mundial o una final, pero el analfabetismo, la incultura y el odio habitan entre nosotros. Los silencios cómplices de algunos son especialmente dolorosos.

La voz de la víctima

Lamine Yamal, el jugador de referencia de la selección española, se mostró cabizbajo y triste durante el partido. No fue a dar las gracias al público y escribió en sus redes sociales: 'Soy musulmán, alhamdulillah'. A sus 18 años, tiene un máster de racismo sufrido y soportado en el césped y en la calle.