El 24 de noviembre de 2024, operarios trabajaban en el CEIP Lluis Vives de Massanassa para apuntalar la estructura dañada por la dana del 29 de octubre. Parte de la estructura colapsó, causando un trabajador muerto y otro herido. El conseller de Educación, José Antonio Rovira, aseguró que la escuela no presentaba 'riesgo de colapso', a pesar de estar catalogada como nivel rojo.
La lucha por la educación en un centro dañado

La catástrofe y la respuesta de la Conselleria han convertido al Lluis Vives en un símbolo de resistencia. Este martes, profesores, alumnos y familias se unieron a la huelga de profesorado en València. Entre ellos, estaban Esperanza y Esperança, dos maestras que han venido a decir que su día a día es de todo menos normal. 'Estamos en aulas prefabricadas', comienzan.
El centro se trasladó a barracones ubicados en el polideportivo de la localidad. En agosto, diez meses después de que el centro fuera declarado en ruina, las excavadoras entraron para comenzar el derribo. A partir del accidente, se perimetró la zona y se prohibió la entrada, lo que provocó problemas de insalubridad denunciados por los vecinos y el consistorio.
Problemas en las aulas prefabricadas
'Hicimos el traslado en agosto para poder estar en las aulas prefabricadas en septiembre', explica Esperança. Su compañera recuerda que el curso empezó tres días más tarde de lo habitual por el retraso en el fin de las obras. 'Acabaron rápido y mal', afirma Esperanza. En su aula, ha tenido que acometerse la segunda reparación del suelo, que no resiste el uso normal de una clase.
Las maestras enfrentan problemas como suelos que se rompen y puertas que 'se rompen continuamente'. Agradece que al menos la climatización funciona. 'No tenemos ni frío ni calor', añade. Sin embargo, el mayor problema es el impacto emocional en los alumnos. 'Hay niños que cuando llueve me dicen: 'Espe, cierra con llave''. Otros todavía lloran al escuchar un sonido que les recuerda al accidente.
Incertidumbre sobre el futuro del centro
A las maestras les preocupa el futuro a corto plazo. Las prefabricadas se plantearon como una solución temporal, pero temen que se consolide. 'No sabemos hasta cuándo estaremos ahí, porque de la escuela nueva no sabemos nada', afirma Esperança. Su compañera comparte su temor. 'No ha llegado el proyecto; nos han dicho que tendríamos que esperar cinco años al nuevo centro', lamenta.
La incertidumbre sobre el futuro del centro y la falta de información sobre el proyecto de la nueva escuela son las principales preocupaciones de las maestras y los alumnos. La huelga de profesorado es una muestra de la lucha por una educación digna en un centro que ha sido gravemente dañado.
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