El 10 de abril de 1936, el alcalde republicano de Sevilla, Horacio Hermoso, logró que los niños del hospicio ocuparan los palcos de las élites para ver las cofradías, desafiando el boicot de las familias adineradas que buscaban sabotear la celebración. Este gesto simbólico fue un golpe de efecto en una Semana Santa que estuvo a punto de no celebrarse.
El contexto de una Semana Santa en vilo
La Semana Santa de Sevilla de 1936 estuvo en peligro debido a la oposición de las derechas y las élites de la ciudad, que buscaban transmitir un mensaje de que nada bueno salía de un Gobierno de la República en manos de las izquierdas. El éxito de la fiesta se debió en gran medida al trabajo del regidor, Horacio Hermoso, y del gobernador civil, Ricardo Corro Moncho.
El boicot de las élites
Las familias bien de la capital sevillana boicoteaban la Semana Santa al no renovar sus abonos para los palcos, lo que habría impedido la salida de las cofradías por falta de fondos. Horacio Hermoso encontró una solución ingeniosa: invitar a los niños del hospicio a ocupar esos palcos vacíos, un gesto que tuvo una carga simbólica clara.
La carga simbólica del gesto
La idea de Hermoso era que los lugares privilegiados que habían dejado vacíos las élites fueran ocupados por los menos favorecidos. Sin embargo, la celebración se vio afectada por una tromba de agua que liquidó la jornada. A pesar de esto, el gesto del alcalde fue visto como un desafío a la oligarquía local.
El cardenal Eustaquio Ilundain no quería celebrar la Semana Santa, lo que complicó aún más la situación. Sin embargo, gracias a la intervención de Hermoso y Corro, la celebración finalmente se llevó a cabo.
El éxito de la Semana Santa
A pesar de las dificultades, la Semana Santa de Sevilla de 1936 fue un éxito. El ministro de Comunicaciones y Marina Mercante, Manuel Blasco Garzón, se felicitó por la celebración, que consideró fruto de la colaboración entre las autoridades y el pueblo sevillano.
La crítica desde la izquierda
Sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo con el gesto de Hermoso. El Partido Comunista criticó que se hubiera hecho figurar a los niños en los palcos, lo que el alcalde defendió como un intento de darles un lugar preferente.
El legado de Horacio Hermoso
Horacio Hermoso fue detenido el 18 de julio de 1936, después del golpe de Estado, y fusilado el 29 de septiembre de 1936. Su hijo, Horacio Hermoso Serra, recordó que su padre había sido asesinado por la inquina de la Iglesia, que no perdonó su gesto de desafiar el boicot cofrade.
La operación para salvar su vida
Después de su detención, se intentó salvar la vida de Hermoso a través de gestiones diplomáticas, pero finalmente no se logró. El cónsul belga y el cónsul italiano intentaron intervenir ante Gonzalo Queipo de Llano, pero sin éxito.
El impacto en la historia
La Semana Santa de Sevilla de 1936 fue un episodio importante en la historia de la ciudad, que demostró la capacidad de resistencia y la solidaridad del pueblo sevillano en momentos difíciles.