En la región de Alicante, durante la época de Semana Santa, es tradicional preparar y degustar las deliciosas toñas alicantinas, unos bollos dulces esponjosos y muy apreciados en la zona. Con una textura suave y esponjosa, similar a la de los brioches franceses o los bollos suizos, estas delicias pueden disfrutarse a lo largo de todo el año, aunque su popularidad aumenta significativamente durante la Cuaresma y la Semana Santa. Estas toñas, muy típicas en su origen en la época de la Semana Santa, actualmente se pueden consumir a lo largo de todo el año en desayunos o meriendas aunque en estos días cobra mayor protagonismo en las casas, hornos y pastelerías de esta zona del Mediterráneo.
Orígenes y Características de la Toña Alicantina
La toña alicantina se asemeja al panquemado valenciano, coronado con una costra de azúcar quemada, o a las monas de pascua tradicionales de la Comunitat Valenciana, decoradas con huevos cocidos tintados de colores vivos. Aunque existen variaciones con puré de boniato o calabaza, especialmente en el Medio Vinalopó, o con almendras y aromas a agua de azahar, naranja o limón, la receta básica de la toña utiliza ingredientes comunes y resulta igualmente deliciosa.
Historia y Evolución de la Receta
La tradición de consumir bollos dulces durante la Semana Santa se remonta a la época en que se levantaba la veda de alimentos ricos después de la Cuaresma. Recetas similares, enriquecidas con huevos, azúcar y leche, se encuentran en recetarios antiguos como el 'Nuevo Arte de la Cocina' de Juan Altamiras (1745) o el 'Manual de la Cocinera' del siglo XIX. Aunque el nombre 'toña' es más moderno, utilizado desde finales del siglo XIX o principios del XX, la elaboración de estos panes dulces se ha transmitido oralmente entre los panaderos.





