En 1969, el presidente Richard Nixon ordenó una operación secreta para hacer creer a la Unión Soviética que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para terminar la guerra de Vietnam. La llamada 'teoría del hombre loco' consistía en hacer que los espías rusos pensaran que el presidente de Estados Unidos no estaba del todo cuerdo y podía actuar de manera impredecible. Esta estrategia tenía como objetivo presionar a Moscú para que influenciara a sus aliados norvietnamitas y aceptaran un acuerdo con los términos de Washington.
La estrategia de Nixon: un enfoque calculado
La operación consistió en enviar bombarderos cargados de armas nucleares a dar vueltas por Alaska, lo que hizo que los espías rusos pensaran que había un peligro inminente y que el presidente de la Casa Blanca iba sin freno. El jefe de gabinete de Nixon, H.R. Haldeman, reveló que la estrategia fue pensada por el propio presidente, quien le dijo: 'La llamo la teoría del hombre loco. Hacemos que les llegue el runrún de que 'madre mía, ya sabes que Nixon está obsesionado con el comunismo, no podemos pararle porque está enfadado, y tiene el dedo en el botón nuclear''.
La efectividad de la 'teoría del hombre loco'
Aunque la estrategia de Nixon funcionó solo a medias, disuadiendo a Moscú pero con poco efecto en Vietnam, su enfoque pragmático en las negociaciones con Moscú y su apertura hacia Pekín mostraron que, aunque Nixon era una persona obsesionada con sus complejos, no estaba loco y guardaba un sentido del deber y del bien público.





