La experiencia de ser racializado en España es una realidad cotidiana que implica vivir bajo sospecha. La mirada ajena puede delatar a una persona antes de que haya dicho algo. Quienes tienen la piel de color canela o el pelo rizado saben lo que significa ser medidos por su presencia.

La presión de la mirada ajena

La presión se intensifica frente a quienes tienen poder para detener, cuestionar o criminalizar sin motivo. Ser señalado por lo que representas antes que por lo que haces deja huella. Los eternos inmigrantes saben lo que es ser convertidos en amenaza: delincuentes, ladrones, violadores antes de conocerse.

La violencia estructural

La violencia estructural afecta a todos los cuerpos racializados, aunque de manera diferente. Las mujeres racializadas reconocen el impacto de la discriminación y se solidarizan con los hombres. La solidaridad se manifiesta en gestos cotidianos: señalar lo que no es justo, ofrecer cuidado y apoyo cuando el sistema margina.

La lucha por la dignidad

Ninguna sociedad puede llamarse justa si permite que parte de su población viva bajo sospecha. La seguridad no puede construirse a costa de la dignidad de otros. Lamine Yamal, uno de los mejores futbolistas del mundo, decidió representar a España, pero su talento no basta para evitar la mirada que lo reduce al color de su piel o a su origen.

La importancia de la solidaridad