España enfrenta un reto crucial en los próximos años: aumentar su productividad para sostener el crecimiento económico y compartir la prosperidad. La productividad española ha avanzado por debajo de la media europea, lo que ha limitado el desarrollo del capital humano y la competitividad.

La productividad española: un punto de partida desfavorable

La productividad española ha crecido solo un 0,6% anual en las últimas décadas, frente al 1,1% de la media europea. Esto se debe a un modelo económico lastrado por debilidades persistentes, como el peso de sectores de bajo valor añadido como el turismo y la elevada temporalidad laboral.

La jubilación masiva de los baby boomers obligará próximamente a sostener niveles similares de producción y gasto con menos trabajadores. Sin margen para aumentar la población activa, la mejora de la productividad es la única vía posible. De lo contrario, el ajuste llegará en forma de menor crecimiento, tensiones fiscales o deterioro de los servicios públicos.

Cambios recientes y desafíos pendientes

En los últimos años, la productividad ha repuntado hasta tasas cercanas al 1% anual, gracias a la reforma laboral, los fondos europeos y un empleo de mayor cualificación. Sin embargo, persisten debilidades estructurales como la baja inversión en I+D y la fragmentación empresarial.

La baja inversión en I+D es un obstáculo para la innovación y el crecimiento. La fragmentación empresarial limita la eficiencia y la competitividad. El exceso de burocracia frena la iniciativa empresarial.