La guerra en Irán ha sacudido el panorama político español, poniendo a prueba la capacidad de Vox para responder a las expectativas de sus votantes. La formación ultraderechista, liderada por Santiago Abascal, ha crecido en popularidad en los últimos años, pero ahora enfrenta el reto de demostrar su utilidad en momentos de crisis. La delgada línea entre absorber el malestar social y volverse irrelevante se está convirtiendo en un desafío crucial para Vox.
El reto de la credibilidad
Vox ha basado su ascenso en ser un voto protesta contra el bipartidismo y el llamado 'régimen del 78'. Sin embargo, con la guerra en Irán, la formación se ve obligada a mostrar su programa económico y su capacidad para gestionar el país en momentos de incertidumbre. La ambigüedad de Vox en cuestiones económicas, pasando de posiciones liberales a proteccionistas sin explicaciones claras, está empezando a ser cuestionada por colectivos que esperan resultados concretos.
La estrategia del PP
El Partido Popular, bajo la dirección de Alberto Núñez Feijóo, ha optado por integrar a Vox en los gobiernos autonómicos, lo que podría exponer y desgastar a la ultraderecha. Esta estrategia recuerda a la seguida por Pedro Sánchez con Podemos en 2020, que terminó en un deterioro de la imagen de Vox. La cuestión es si Vox puede mantener su impulso político sin una estrategia clara para gestionar el país.
El espacio antisistema
El espacio antisistema está cada vez más concurrido, con nuevas formaciones como Se Acabó la Fiesta, de Alvise Pérez, que han obtenido votos significativos. La clase media española, debilitada antes de la guerra en Irán, ha visto aumentar su malestar estructural contra PP y PSOE, lo que ha beneficiado a la ultraderecha. Sin embargo, la guerra añade una nueva variable que podría favorecer al bipartidismo.





