La existencia humana es un vasto repertorio de posibilidades, donde cada día se nos presenta la oportunidad de elegir una nueva forma de vivir. Esta multiplicidad de opciones es asombrosa y parece no tener fin.
La exploración de la identidad
Imagina que la vida es un armario infinito donde cada mañana sacamos una prenda distinta, una identidad diferente. Ayer, por ejemplo, decidí probar la vida del hombre que espera. No esperaba nada en concreto, pero estaba convencido de que algo, lo que fuera, acabaría sucediendo. Llamarían a la puerta, sonaría el teléfono, recibiría una carta… Pero nada de eso ocurrió, así que abandoné ese papel y me convertí en el hombre que desespera.
El arte de cambiar de piel
La capacidad de cambiar de personalidad es una herramienta poderosa. Esta noche, mientras estaba en la cama, imaginé que era un tipo que llegaba tarde a todas partes. Salía con tiempo suficiente, pero me entretenía observando la actividad de la calle como quien observa un hormiguero. Cuando llegaba al teatro, la obra ya había terminado. Pero no me importaba, porque me había convertido en alguien al que no le importaba nada.
Lecciones de vida en pequeñas acciones
Mientras disfrutaba de un gin tonic con patatas fritas en la terraza de un bar, como si el mundo a mi alrededor no se estuviera cayendo a pedazos, empecé a planificar mi próxima identidad. Sería alguien que se equivoca, no por tomar decisiones erróneas graves, sino a base de pequeñas desviaciones que iban cambiando el curso de las cosas sin que nadie lo percibiera. Confundir una palabra, marcar un número equivocado, saludar a quien no era.





