Lanzarote, la isla más septentrional del archipiélago canario, es un destino que combina una diversidad paisajística abrumadora con un patrimonio natural celosamente conservado. En el extremo norte, resguardado bajo la imponente presencia del volcán de La Corona, se encuentra Ye, un pequeño núcleo de casas blancas que rompe con la sobriedad del paisaje volcánico.
Un entorno natural único
Ye es un sistema complejo donde la geología y la historia de subsistencia se entrelazan. La naturaleza salvaje todavía manda en este enclave, que parece haber sobrevivido a las décadas. La prisa, sencillamente, no existe en este refugio de biodiversidad que alberga especies protegidas como el lagarto de Haría, el perenquén o la pardela cenicienta.
Un destino estratégico para el ecoturismo
Desde el centro del pueblo se despliega un abanico de senderismo y ecoturismo que va desde la ascensión al cráter hasta el descenso por riscos de 600 metros. La ruta, una ascensión de dificultad moderada apta para todos los públicos, se inicia junto a la Iglesia de San Francisco Javier. Los primeros pasos transcurren por un entorno de “arenado” artificial, flanqueando viñedos protegidos por socos.
La riqueza natural del volcán de La Corona
El volcán de La Corona no es solo la cota máxima del norte con sus 609 metros; es el arquitecto del paisaje septentrional. Su erupción, hace 21.000 años, creó un inmenso “río” de lava de 18 km² conocido como el Malpaís de la Corona. La vegetación cambia a tabaibas amargas y líquenes como la orchilla, explotada antiguamente para tintes.





