El Real Madrid sufrió una derrota sorprendente en Son Moix ante un Mallorca que apostó por jugar de manera ofensiva. El equipo de Arbeloa se dejó media Liga en un partido que evidenció la dependencia del equipo de Mbappé. La victoria del Mallorca puede significar la permanencia para los bermellones.
Un partido marcado por la dependencia de Mbappé
El Real Madrid llegó a Son Moix con la mente puesta en el partido contra el Bayern. Esto se reflejó en la alineación de Arbeloa, que dio la oportunidad a jugadores como Manuel Ángel y Brahim. Sin embargo, el equipo careció de fluidez y se convirtió en un equipo constreñido, hipotecado a un jugador que pide la pelota al pie en lugar de asomarse a los espacios.
El Mallorca, por su parte, apostó por un once con buen pie y situó a Mascarrell como central para descongestionar la salida de balón. El equipo bermellón disfrutó de una oportunidad inmejorable que Morlanes desperdició por su ansiedad a la hora de rematar. Sin embargo, la valentía mallorquinista escondía una fragilidad defensiva inquietante que rumiaba un Madrid paciente.
La efectividad del Mallorca
El buen pie local encontró premio en el minuto 41, cuando una llegada por la derecha de Maffeo terminó con un centro medido a la llegada de Morlanes desde atrás. El Mallorca hizo daño a la defensa blanca, en la que Rudiger y Huijsen andaban ocupados con Muriqi y Luvumbo. Sin extremos y con Mbappé como único argumento ofensivo, al descanso se antojaba la necesidad de realizar cambios en el Real Madrid.





