La plaza de toros de Málaga estaba envuelta en un ambiente de tristeza y duelo el 4 de abril, con motivo del fallecimiento del torero Ricardo Ortiz, quien murió la víspera mientras trabajaba como corralero. La corrida 'Picassiana', que marcó el inicio de los actos de celebración del 150 aniversario de La Malagueta, resultó deslucida debido a la falta de casta y clase de los toros. A pesar del emotivo recuerdo a Ortiz, la terna de toreros, formada por Fortes, Juan Ortega y Pablo Aguado, no logró impresionar al público.
Un emotivo homenaje a Ricardo Ortiz
La plaza estaba decorada con banderas a media asta y crespones negros en los brazos de los trabajadores, y se interpretó un solo de trompeta como oración fúnebre antes de comenzar la corrida. Un ramo de rosas blancas fue depositado en la puerta de toriles, en el lugar donde Fortes dejó su montera antes de iniciar la faena de muleta a su primer toro. La banda Miraflores-Gibraljaire amenizó las faenas de muleta de los tres últimos toros con obras de Manuel de Falla, Turina y una marcha de Semana Santa.
La falta de casta de los toros
Los toros de Puerto de San Lorenzo y El Pilar, que participaron en la corrida, fueron descritos como descastados, sin clase y faltos de vida. La terna de toreros prefirió seguir instalada en su zona de confort en lugar de plantar una guerra que se presumía inútil. Fortes, el torero local, destacó por su entrega y firmeza ante un primer oponente sin movilidad. Su labor fue trabajada y de poco brillo, pero demostró su compromiso con el toreo.





