Durante años, el diagnóstico sobre la economía española parecía claro: el exceso de inversión en construcción nos hacía menos productivos y nos distanciaba de los principales socios europeos. Sin embargo, los datos más recientes de Contabilidad Nacional cuestionan esta idea.
El cambio en el patrón inversor
La economía española ha experimentado cambios significativos en su patrón inversor desde la década de 1960. Entre 1964 y 1980, el esfuerzo inversor fue elevado, con una ratio de inversión sobre PIB del 25,5%. La construcción de vivienda y infraestructuras representaba cerca del 60% del total. A partir de los 80, la entrada en Europa y la reconversión industrial catalizaron la modernización de la economía.
La evolución del esfuerzo inversor
Entre 1980 y 1999, se redujo la inversión en vivienda y el esfuerzo inversor se situó en torno al 23% del PIB. Sin embargo, el peso de la construcción se mantuvo en torno al 60%. A partir de 2018, el actual ciclo inversor marca un punto de inflexión: el esfuerzo inversor se reduce significativamente hasta situarse en torno al 20% del PIB.
El nuevo patrón inversor
La inversión en conocimiento se aproxima ya al 25% del total, mientras que la construcción -vivienda e infraestructuras- reduce su peso hasta el 50%. Paradójicamente, este nuevo patrón inversor no parece haber impulsado de forma diferencial la convergencia real con la UE. Entre 2018 y 2025, el PIB per cápita relativo de España apenas ha pasado del 91,2% al 91,3% del promedio de la UE.





