Durante el franquismo, la comunidad evangélica de Medina del Campo (Valladolid) sufrió una intensa represión y persecución. A pesar de que, desde 1945, se permitían cultos religiosos no católicos con permiso del gobernador civil, la realidad era muy diferente en este pequeño pueblo. La comunidad evangélica fue objeto de presiones policiales, eclesiásticas y fuertes sanciones económicas por reunirse para rezar. Los pastores y feligres fueron constantemente vigilados y detenidos.
La lucha por la libertad religiosa en Medina del Campo
La pequeña comunidad evangélica de Medina del Campo tuvo que hacer frente a una situación muy hostil. El historiador Enrique Berzal ha investigado este tema y ha publicado un artículo en la revista científica Pasado y Memoria. Según Berzal, la comunidad evangélica estaba situada cerca de la parroquia católica, lo que generaba miedo en la Iglesia Católica a que los jóvenes se unieran a la iglesia protestante. El régimen franquista consideraba a los protestantes como una amenaza al predominio social de la Iglesia Católica.
La persecución y las multas
El pastor Félix Pradales y su mujer, María Abrodos, fueron objeto de frecuentes detenciones y multas. En 1948, una reunión dominical de 11 personas fue considerada clandestina y no religiosa, lo que supuso multas que iban de 50 a 5.000 pesetas. El matrimonio Pradales-Abrodos fue multado con 2.000 pesetas, lo que representaba una cantidad significativa de su salario anual. La comunidad medinense tuvo que recurrir a la solidaridad de otras parroquias evangélicas para hacer frente a las multas.





