En marzo de 2020, España se encontraba en el peor momento de su crisis sanitaria en más de un siglo. La población estaba confinada, los hospitales colapsados y la economía paralizada. En este contexto, algunos empresarios sin escrúpulos se aprovecharon de la situación para enriquecerse. Uno de ellos era Víctor de Aldama, un hombre de negocios que pagaba un sueldo de 10.000 euros al mes a Koldo García, asesor del ministro de Transportes, José Luis Ábalos.

La maquinaria de la corrupción

Aldama llevaba más de un año pagando a Koldo García y había abonado un alquiler de lujo a la pareja de este último. La Guardia Civil definió estos pagos como una suerte de 'nómina' que le permitía pedir favores y asegurarse un trato preferente en el Ministerio de Transportes. Cuando llegó la pandemia, Aldama llevaba meses engrasando la maquinaria de la corrupción. Aprovechando su acceso directo a Ábalos y Koldo García, obtuvo información privilegiada sobre la necesidad de adquirir equipos de protección.

El negocio de las mascarillas

La crisis del coronavirus autorizó la contratación de productos sanitarios mediante un procedimiento de emergencia sin concurrencia de ofertas, sin límite de precios y sin acreditación de solvencia o experiencia en el sector. Aldama se embolsó más de 3,7 millones de euros en apenas unos días gracias a su labor de intermediación en los contratos de mascarillas. Asegura que también repartió con Ábalos y Koldo García parte del botín.