En esta Pascua de sangre, la resurrección adquiere un significado distinto. Ayer, en el Sábado de Gloria, la Iglesia celebraba la salida del sepulcro de Cristo con 24 horas de retraso para distinguirla del sabbat judío. La alegría de la Resurrección se fusionaba con el aroma de las tahonas donde se horneaba la tradicional mona de Pascua.
La infancia y la Pascua
De niño, yo solía buscar espárragos silvestres en los barrancos cercanos mientras escuchaba el repique general de campanas que provenía del pueblo. Me explicaron que las campanas sonaban a gloria porque Dios había resucitado. Esa experiencia se fusionó con la tortilla de espárragos silvestres que mi madre preparaba para merendar en el campo, que olía a azahar y a pólvora de petardos.
Los tebeos de Hazañas Bélicas
En aquella época, leíamos tebeos de Hazañas Bélicas, donde un soldado desconocido mataba sin piedad a sus enemigos en nombre de la paz. Sin embargo, esas hazañas bélicas se han convertido en una cruda realidad actual, protagonizada por los tres dioses monoteístas: Alá, Yahvé y Jesucristo, cada uno luchando por su territorio y sembrando el odio entre sus seguidores.
La mona de Pascua hecha de dinamita
Este año, las monas de Pascua están hechas de dinamita. Nadie habla de muertos. Los tres dioses monoteístas ya no se nutren de oraciones, sino de petróleo: barriles de crudo, misiles, drones, bombas de racimo y aviones. En esta primavera, incluso en medio de la Pascua de sangre, cada persona puede resucitar a su manera, al igual que el Dios cristiano.





