La inteligencia artificial (IA) está revolucionando la industria farmacéutica, pero también está aumentando la brecha entre las grandes compañías y las pequeñas empresas de biotecnología. Quico Sabanés, un químico de 33 años, se encuentra en la vanguardia de esta revolución.

Hace dos años, Sabanés se unió a la empresa emergente de biotecnología Acellera, donde comenzó a desarrollar modelos de IA para predecir el comportamiento de moléculas. Sin embargo, la empresa abandonó su modelo de negocio de simulación de comportamiento de moléculas debido a la falta de rentabilidad.

El obstáculo de la escasez de datos

La escasez de datos clínicos disponibles es un obstáculo común para las empresas de biotecnología. Las leyes de protección de la privacidad de los pacientes limitan el acceso a la información clínica. A pesar de algunos repositorios de datos públicos, las empresas dependen de investigaciones propias, lo que puede costar decenas de millones de euros.

Según un informe de la consultora IQVIA, las grandes farmacéuticas concentraron el 30% de los ensayos clínicos que entraron en fases finales en 2024 en EE UU. "Las grandes corporaciones pueden mejorar sus herramientas a una velocidad muy superior", lo que hace que las empresas pequeñas tengan dificultades para competir.

El desafío para las empresas pequeñas

Las empresas pequeñas de biotecnología enfrentan desafíos para acceder a los datos y recursos necesarios para desarrollar medicamentos. Oryzon Genomics e Integra Therapeutics son dos de las pocas empresas españolas que diseñan medicamentos propios a partir de modelos de IA.