En el corazón del Triángulo de Oro, donde las fronteras de Laos, Myanmar y Tailandia se unen, se esconden oficinas anodinas que albergan redes de estafas románticas y de criptomonedas que han robado miles de millones de euros a usuarios occidentales. Mohammed Muzahir, un joven indio de 23 años, fue secuestrado y obligado a trabajar en una de estas oficinas, donde se utilizaba la Inteligencia Artificial para facilitar el proceso de fraude.
El secuestro y la explotación
Muzahir, informático de formación, fue captado con una falsa oferta de empleo y llevado a una oficina en Laos, dirigida por un grupo de la mafia china. Allí, se vio obligado a trabajar en estafas masivas a occidentales, utilizando la IA para traducir, crear deepfakes para llamadas y sugerir conversaciones para ganar la confianza de las víctimas. La oficina estaba equipada con ordenadores y software especializado para llevar a cabo estas estafas.
El papel de la Inteligencia Artificial
La IA juega un papel crucial en estas estafas, permitiendo a los estafadores crear perfiles de víctimas potenciales y establecer conversaciones convincentes. Muzahir explica que se utilizaban herramientas como ChatGPT para obtener información sobre apellidos comunes en EE UU y crear mensajes de texto personalizados. Por ejemplo, se podía pedir a la IA que sugiriera apellidos comunes de gente que hablara español en EE UU y luego buscarlos en ciudades concretas en Facebook.





