Jaime Zatarain (49 años, Santander) se estrena como protagonista de cine el próximo 10 de abril con *A una isla de ti, una comedia romántica que cuenta la historia de amor entre un chef británico y un pescador isleño en Gran Canaria. Es su primer papel protagonista en una película después de dos décadas de carrera en musicales y televisión.
Jaime Zatarain en una escena de la película 'A una isla de ti', que se estrena el 10 de abril
El actor llegó a esta oportunidad sin hacer ni una sola prueba. "Me dieron el papel sin hacer la prueba y me entraron inseguridades. Pensé: '¿Qué mierda de proyecto es este si me cogen a la primera?'", bromea en una conversación en Madrid.
Los detalles: De la invisibilidad al reconocimiento repentino
Zatarain conoce bien lo que es el éxito en diferido. Hace apenas un año, mientras veraneaba en Zahara de los Atunes, comenzó a ser reconocido por la calle. La razón: la miniserie Ángela, que había protagonizado en 2024 en Atresplayer, fue emitida después en Antena 3 y finalmente llegó a Netflix, donde se convirtió en número uno.
"La gente me paraba, me decía cosas. Hijo, ¿qué te voy contar? Pues me hizo ilusión. Y quien te diga lo contrario, miente", explica con una sonora carcajada.
El actor santanderino durante una entrevista en Madrid hablando sobre su debut cinematográfico
Ese reconocimiento tardío no es casual en su trayectoria. A los 20 años comenzó su formación, a los 30 conquistó los grandes musicales de Madrid con producciones como Grease y *Mamma Mia, y a los 40 llegó a la televisión con series como *Vergüenza. Ahora, a punto de cumplir 50, da el salto al cine.
El mensaje: Normalidad sin heridas
La película que le abre las puertas del cine es inusual en el panorama español. Entre las dunas de Maspalomas y la Fiesta de la Rama, A una isla de ti propone una comedia romántica tan familiar como insólita: una historia de amor entre dos hombres que no gira alrededor del sufrimiento.
"Parece que, si tratas una historia LGTB, lo tienes que hacer siempre desde la herida. Está muy bien, pero se pueden contar otras cosas. ¡Joder! Ya está bien de tanto sufrimiento. Esta película tiene un activismo, si se puede llamar así, que viene desde la normalidad", sostiene Zatarain.
Esa capacidad para hablar de libertad sin dramatismo tiene raíces profundas en su propia historia. Nacido en Santander, Zatarain creció en una familia numerosa —era el menor de siete hermanos— donde sus primeras aspiraciones no encontraron espacio. A los ocho años pidió a su padre que le permitiera estudiar danza clásica, pero no fue escuchado.
El camino: De Santander a Madrid
De esa negación inicial nació una obsesión compensatoria. Las visitas al cine con sus hermanas para ver La historia interminable o Karate Kid despertaron su pasión por la interpretación. Pero cuando llegó el momento de perseguirla, tampoco tuvo mucha elección.
"Las cosas en mi casa estaban muy mal, mis hermanas decidieron que me tenía que ir a estudiar a Madrid. Yo me fui de Santander con herida y tardé mucho en reconciliarme", recuerda.
En la capital se matriculó en Periodismo con un objetivo claro: convertirse en actor. Comenzó por el musical, en parte para cerrar la herida de la danza rechazada. "Siempre he sido muy hormiguita, es mi manera de hacer las cosas. Todo me llega poco a poco y así va a seguir siendo", reflexiona.
Hasta los 30 años formó parte de distintos elencos de musicales. Después recibió una beca para estudiar en Nueva York y volvió convertido en protagonista de producciones de gran envergadura. Pero incluso entonces, la pequeña pantalla le parecía demasiado expuesta.
"Mi objetivo siempre fue ser actor de audiovisual. Pero creo que me daba miedo imaginarme con esa exposición. Hay gente que está preparada antes y otros después. Me refugié mucho tiempo en el musical porque me exponía menos", admite.
La perspectiva: Un activismo desde la alegría
Ahora, a los 49 años, Zatarain ha encontrado en A una isla de ti algo que trasciende el simple debut cinematográfico. La película propone contar historias LGTB sin el dramatismo que ha dominado el cine durante décadas, normalizando vidas y amores que merecen ser contados desde la alegría.
Ese cambio de perspectiva es, en cierto modo, el reflejo de su propio viaje: de la herida inicial a la reconciliación, del refugio en el musical a la exposición del cine, de la invisibilidad al reconocimiento. Y todo sin necesidad de sufrir en pantalla.