El pasado viernes se firmó una tregua entre Irán y Estados Unidos, poniendo fin a 40 días de combates que habían paralizado el tráfico en el estrecho de Ormuz. La decisión, anunciada por la Casa Blanca y el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, no incluye compromisos claros ni garantías de seguridad para la zona.
Guerra Irán‑EEUU: 40 días de conflicto y un alto el fuego incierto
Desde el 1 de marzo, aviones y drones iraníes atacaron buques civiles y militares en el estrecho, mientras la Marina estadounidense respondió con bombardeos a instalaciones costeras. Cada día, el precio del petróleo subía y la gasolina en EE. UU. superó los 4 USD por galón. La tregua, que se mantendrá al menos 48 horas, fue negociada sin que Washington obtuviera la retirada total de los satélites de vigilancia que había desplegado. Irán, por su parte, mantiene el control del paso como palanca estratégica y no ha anunciado cambios en su política de sanciones.
Durante el conflicto, al menos siete buques comerciales fueron alcanzados y dos petroleros sufrieron fugas menores. Las fuerzas navales estadounidenses derribaron tres drones y hundieron una embarcación de apoyo iraní.
Impacto inmediato en la imagen de Donald Trump
Las encuestas realizadas esta semana sitúan la aprobación del presidente entre 35 % y 40 %, una caída de cinco puntos respecto al mes anterior. Dentro del Partido Republicano, varios senadores y gobernadores expresan su descontento por la falta de resultados tangibles y temen que la guerra haya erosionado la base de apoyo de Trump. Las protestas contra la política exterior del gobierno, que reunieron a nueve millones de personas en más de 3 000 manifestaciones, han reforzado la percepción de un liderazgo dividido.





