La tregua llega en el último momento

Estados Unidos e Irán han alcanzado un alto el fuego de dos semanas que detiene temporalmente un conflicto que ha devastado Oriente Próximo durante más de 40 días. El acuerdo se cerró minutos antes de que expirara el ultimátum fijado por Trump, evitando una escalada aún mayor de la violencia.

El precio de esos 40 días ha sido alto: más de 2.000 muertos repartidos entre una docena de países, cientos de miles de desplazados en Líbano y daños profundos en las infraestructuras energéticas regionales. Ahora ambas potencias volverán a una mesa de negociación que ya estaba en marcha antes de que EE UU e Israel atacaran Irán, lo que convierte esta tregua en un regreso al punto de partida.

Alivio temporal, pero sin soluciones reales

Aunque es positivo que callen las armas, la fragilidad de este acuerdo es evidente. Trump ha dado sobradas muestras de no cumplir sus compromisos con quienes negocia, y los iraníes tienen experiencia directa de ello. El presidente estadounidense ha contradicho su propio discurso sobre cuántos puntos negociará realmente con Teherán, lo que alimenta la desconfianza.

La Casa Blanca debe demostrar una actitud honesta y clara durante las negociaciones. Del mismo modo, el Gobierno iraní debe cesar la represión violenta contra su propia población y abandonar el chantaje que ejerce controlando el tránsito de hidrocarburos por el estrecho de Ormuz.