La pregunta que nadie quiere responder

No parece lógico. Esa es la premisa de la que partimos. En cualquier lugar del mundo y en cualquier circunstancia, ellas siempre tienen que esperar más. No es una exageración retórica ni una queja sin fundamento: es una realidad que se repite en hospitales, en juzgados, en empresas, en la política, en la calle.

La pregunta es sencilla pero incómoda: ¿por qué? ¿Qué justificación racional existe para que las mujeres esperen más tiempo para ser atendidas en una consulta médica? ¿Para que sus denuncias tarden años en resolverse? ¿Para que sus candidaturas sean revisadas con más escepticismo? ¿Para que sus opiniones sean cuestionadas con mayor frecuencia?

Los hechos que hablan por sí solos

No estamos hablando de percepciones vagas. Los datos existen. Las mujeres esperan más en las colas de los hospitales. Sus síntomas son diagnosticados más lentamente. Sus quejas laborales se tramitan con mayor lentitud. En política, necesitan más votos para llegar a los mismos puestos. En justicia, sus casos de violencia de género se resuelven con dilaciones que resultan incomprensibles cuando se trata de otros delitos.

Esta pauta se repite independientemente de la riqueza del país, del nivel educativo de la población o del sistema político vigente. Es global. Es estructural. Y es, fundamentalmente, ilógica.

El problema de la normalización