Descenso histórico de la Yakuza en Japón
A finales de 2025 la Yakuza cuenta con 17.600 miembros, la cifra más baja jamás registrada. El dato, publicado por las autoridades en abril, contrasta con el pico de 180.000 afiliados en la década de 1960. La socióloga Martina Baradel, de la Universidad de Nagoya, describe a la organización como "moribunda" pero advierte que muchos exmiembros siguen operando bajo la sombra.
Baradel subraya que la caída no implica una desaparición total: "La mayoría finge su salida, pero conserva influencia en el bajo mundo". Este fenómeno dificulta la evaluación real del poder residual de la Yakuza.
Factores del declive y surgimiento de las redes 'tokuryu'
El retroceso se atribuye principalmente a la legislación anti‑Yakuza adoptada entre 2010‑2011. Las ordenanzas impiden a los afiliados alquilar viviendas, comprar vehículos o abrir cuentas bancarias, aislándolos de la vida cotidiana. Aunque existen vías de evasión, la normativa ha conseguido separar a la Yakuza del resto de la sociedad.
Desde 2023 la Agencia Nacional de Policía identifica a 'tokuryu', redes criminales anónimas y fluidas que operan en internet y redes sociales. Estas estructuras carecen de la jerarquía tradicional de la Yakuza y se dedican a fraudes, extorsiones y robos coordinados en línea. El investigador Noboru Hirosue del Centro de Investigación Criminológica de Ryukoku señala que la presión legal ha empujado a algunos clanes a financiarse mediante estos delitos digitales.
Las redes 'tokuryu' no son un fenómeno nuevo; grupos como los 'hangure' ya utilizaban internet en los años noventa. Sin embargo, su proliferación reciente se vincula al vacío dejado por la Yakuza y a la facilidad de reclutar a jóvenes sin experiencia criminal, según la Agencia.
Implicaciones y riesgos futuros para la seguridad pública
La reducción de la Yakuza y el auge de 'tokuryu' reconfiguran el panorama del crimen organizado. Mientras la estructura tradicional pierde miembros, las redes digitales aumentan su capacidad operativa, dificultando la identificación de responsables. La policía advierte que la descentralización hace más complejo rastrear fondos y desarticular células.
Para el gobierno, el desafío es doble: mantener la presión sobre la Yakuza y desarrollar herramientas legales y tecnológicas que permitan perseguir a los 'tokuryu'. La Primera Ministra Sanae Takaichi ha anunciado una ofensiva reforzada contra los grupos anónimos, tras una serie de arrestos en diciembre de 2025.
Los riesgos para la sociedad incluyen un aumento de fraudes a consumidores, extorsiones a pequeñas empresas y la posibilidad de que exmiembros de la Yakuza actúen como intermediarios en estas redes. La percepción de seguridad podría deteriorarse si la población percibe que el crimen se vuelve más invisible y menos controlable.
En este contexto, la experiencia japonesa ofrece lecciones para otros países que enfrentan la digitalización del crimen organizado. La combinación de legislación restrictiva y adaptación tecnológica será clave para contener la amenaza emergente.
Próximos pasos: se espera que la Agencia Nacional de Policía publique un informe trimestral sobre la actividad de 'tokuryu' y que el Parlamento evalúe la ampliación de las ordenanzas anti‑Yakuza. Mientras tanto, la ciudadanía deberá estar atenta a nuevas modalidades de delito en línea.
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Conclusión
El descenso a 17.600 miembros marca el fin de una era para la Yakuza, pero el surgimiento de 'tokuryu' indica que el crimen organizado está lejos de desaparecer. Las autoridades deberán equilibrar la represión tradicional con estrategias digitales para proteger a la sociedad.
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Corresponsal Internacional
Corresponsal internacional con base en Bruselas. Experta en asuntos europeos.
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